Si voy a comer a un restaurante  me gusta pedir algo que me apetezca. Si un día me invitan a un restaurante exótico y me ofrecen carne de cocodrilo (y no he comido nunca) es probable que pregunte al camarero a que se parece, así sabré si me apetece comerlo. Si me dice que se parece a la carne de pollo (y he comido pollo antes) yo sabré más o menos que van a servirme en el plato. Si mi apetece algo parecido al pollo pediré entonces carne de cocodrilo. En nuestra mente formamos una imagen de lo nuevo a partir de lo que ya conocemos.

Toda la información sobre la comida que hemos comido en nuestra vida está ordenada y clasificada en  nuestro cerebro.  ¿Qué pasa cuando pruebo un queso vegetal por primera vez en mi vida?  En mi cabeza tengo una idea formada de lo que es un queso a partir de la información adquirida y mis experiencias. Al probarlo comprobaré si cumple los requisitos que tengo guardados en mi mente para que sea un queso. El olor, la textura, la consistencia, el sabor, el color, la presentación, los ingredientes….Un queso vegetal cumplirá algunos requisitos del queso pero no todos. Entonces tendré la duda de si debo llamarlo queso o no.

¿Cómo definimos y clasificamos los alimentos elaborados? Pasta, pan, postres, ensaladas, embutidos, quesos… Podemos llamarle espaguetis a los espaguetis de calabacín? ¿Podemos llamarle pan al brioche? ¿Podemos llamarle ensalada si no contiene lechuga? ¿Podemos llamarle yogurt al yogurt de soja? ¿Podemos llamarle mermelada si no contiene azúcar? Cuando se elabora un producto creativo y novedoso nos descoloca y nos hace cuestionar la definición que tenemos grabada en nuestra mente.

Nuestra vida va muy ligada a nuestra comida habitual. Nos identificamos con nuestros hábitos alimenticios. Es la primera vez que voy a una barbacoa y, además de la carne, hay hamburguesas vegetales; puede que me provoque rechazo. Es el día de navidad y hay un “rustit” de seitan;  estoy cuestionando mi concepto de la tradición. Voy a un chiringuito y hay paella vegetal; estoy descolocando mi esquema mental. Voy a un restaurante y hay una tabla de quesos de almendras; estoy rompiendo la normalidad. Todos estos casos me hacen cuestionar y redefinir la información que tengo guardada en mi cerebro.  Es necesario un tiempo de integración para las hamburguesas vegetales, rustits de seitan, paellas vegetales y tablas de quesos de almendra. Cuando se ha normalizado ya no nos choca.

Oigo por ahí que un queso hecho con almendras no es un queso. Me dicen que se le llame otra cosa pero no queso. Pero si el queso vegetal tiene la misma forma, la misma utilidad, el mismo proceso de fermentación y textura similar que el queso, ¿por qué no llamarlo queso vegetal? Es lícito ser creativo y hacer un nuevo alimento inspirado en otro.  Sólo es cuestión de tiempo. Bienvenidas las virutas de queso de aceite de coco. Bienvenida la lasaña con queso de anacardos. Bienvenido el queso cremoso a base de semillas de calabaza en mi tostada.

Evolucionamos, y con nosotros nuestra cultura, nuestras costumbres y nuestra gastronomía. Cuando el coche pasó de ser tirado por animales a ser de gasolina seguía llamándose coche, aun cuando la definición de este había cambiado completamente. Cambia el contexto y cambia el significado de la palabra. Es parte de la evolución. Yo voto por llamarle a los coches coche y a los quesos queso y no complicarnos la vida.